Robótica: ¿colaboración o cooperación?
En todos los ámbitos de la fabricación, cada vez resulta más frecuente que los trabajadores de las fábricas compartan su espacio de trabajo con compañeros particularmente eficientes: los robots. A diferencia de los trabajadores humanos, los robots nunca enferman ni se cansan, por lo que no es de extrañar que los fabricantes estén invirtiendo grandes cantidades en ellos para acelerar la producción y mejorar la precisión. Sin embargo, hay tareas en las que solo se pueden utilizar la destreza y la capacidad de tomar decisiones del ser humano. Por ello, la colaboración entre los robots y los trabajadores humanos ofrece los mayores beneficios.
Los robots pueden trabajar junto a las personas de manera colaborativa o cooperativa. La colaboración se refiere al trabajo que realizan simultáneamente un robot y una persona en un mismo producto o pieza. Por lo general, el robot acerca una pieza y la sujeta para que no se mueva, mientras que el operario trabaja con ella. Por el contrario, la cooperación implica una situación en la que el robot y la persona comparten un lugar de trabajo común, aunque trabajan en distintas piezas.
Por consiguiente, la solución adecuada en cuanto al tipo de robot a utilizar depende del grado de interacción necesario en cada aplicación. Los robots industriales cooperativos son la mejor opción para aplicaciones que requieren una interacción limitada entre el hombre y la máquina, como en un puesto de empaquetado o paletizado, donde el hombre y el robot nunca trabajan en la misma tarea al mismo tiempo. Los robots cooperativos son menos ágiles y más voluminosos que los cobots, pero son más adecuados para componentes pesados, ya que suelen ser más resistentes a las cargas elevadas.
Sin embargo, el usuario final no suele ser quien los programa, por lo que pueden tener limitaciones en aplicaciones para las que hace falta cambiar los ajustes con frecuencia, como en fábricas que producen grandes cantidades de artículos sumamente personalizados. En ese caso, los cobots pueden ser la mejor solución. Dado que el operario los puede programar de manera rápida y sencilla, los cobots se suelen recomendar para la fabricación de lotes pequeños.
Los cobots también son más adecuados para aplicaciones que requieren una colaboración estrecha con los humanos, especialmente en pequeñas celdas de trabajo. Aunque los cobots soportan menos carga que los robots industriales, se pueden ajustar rápidamente a entornos impredecibles.
Los cobots más avanzados también cuentan con sistemas de visión integrados que les permiten adaptarse rápidamente a los cambios del entorno sin detenerse. Por ejemplo, las aplicaciones RapidPlan y RapidSense recientemente desarrolladas por Realtime Robotics permiten a los cobots de la empresa evitar la colisión con un operario humano sin detener la producción. En lugar de detenerse, estos cobots calculan una ruta alternativa y continúan con su tarea.
Ya sea colaborativa o cooperativa, la tecnología robótica ya es una parte esencial de las fábricas inteligentes. Quizás los robots nunca puedan sustituir del todo al sentido común y la capacidad de resolución de problemas de los trabajadores humanos cualificados, aunque sí pueden complementarlos satisfactoriamente haciéndose cargo de tareas pesadas, repetitivas y monótonas. ¡Nos encontramos ante la combinación perfecta!