La cuarta revolución agrícola
Según el World Food and Agriculture Statistics Yearbook 2021, la agricultura dio empleo al 27 % de la mano de obra mundial en 2020, y los trabajadores de los países asiáticos representaron el 6 % de esa cifra. Así pues, la agricultura es un componente vital de la economía, mientras que la innovación en el sector supondría ventajas de amplio alcance. La Industria 4.0 ha hecho posible la Agricultura 4.0, pero su implementación se enfrenta a numerosos retos.
En los últimos 50 años, la agricultura ha sido un componente fundamental en el desarrollo de Asia. La revolución verde, también conocida como tercera revolución agrícola, trajo consigo un aumento notable de la productividad y los ingresos gracias a las mejoras en la mecanización, el fitomejoramiento, los fertilizantes, el riego y el control de plagas, lo que contribuyó enormemente a un mayor crecimiento económico.
Por tanto, es evidente que para lograr el desarrollo económico hay que seguir centrando la atención en la innovación y el progreso agrícola. El posible paso siguiente se basa en la Industria 4.0 y algunos lo denominan la cuarta revolución agrícola, o Agricultura 4.0. La automatización desempeñará una función primordial en este desarrollo, pero su disponibilidad y viabilidad difieren y dependen de muchos factores, como la ubicación de las explotaciones agrícolas, el tamaño y los fondos.
Agricultura rural
Los pequeños agricultores, aquellos que trabajan en pequeñas explotaciones que suelen ser el sustento de una familia y mezclar cultivos destinados a la venta y la agricultura de subsistencia, constituyen alrededor del 90 % de los agricultores del mundo. Además, se calcula que el 80 % de los alimentos producidos en Asia y en el África subsahariana proceden de pequeñas explotaciones.
Estas explotaciones suelen sufrir bajos niveles de productividad y rendimiento, requieren mucha mano de obra y han experimentado escasez de mano de obra en los últimos años, ya que los trabajadores se trasladan a las zonas urbanas en busca de oportunidades en el sector de la fabricación. Por tanto, los pequeños agricultores necesitan mucha tecnología de automatización para mejorar su eficiencia y la calidad de los productos, al tiempo que reducen la dependencia de la mano de obra.
Los vehículos autónomos pueden desempeñar un papel importante en la automatización de la agricultura rural, ya sean drones aéreos o vehículos terrestres como tractores. Estos robots se pueden utilizar para procesos que requieren horas de duro trabajo cuando se realizan manualmente, como el riego, la aplicación de fertilizantes o pesticidas, la distribución de semillas y el desmalezado. Se pueden incluso programar para que supervisen y optimicen automáticamente estos procesos, lo que en cierto modo debería contribuir a mejorar el rendimiento de los cultivos al tiempo que se reduce la mano de obra.
Las explotaciones con terreno desigual en el que los robots tienen dificultades para desplazarse pueden beneficiarse de instalaciones permanentes, como la reciente propuesta de la plataforma agrícola automatizada autopropulsada (AASPP, por sus siglas en inglés) para la automatización del cultivo del arroz.
Ya sea móvil o fija, este tipo de automatización tendrá un coste que puede ser demasiado elevado para muchos pequeños agricultores. Además, puede que muchas tecnologías solo estén disponibles para las explotaciones a gran escala, como las plantaciones de propiedad corporativa.
Así pues, se necesitan soluciones con un bajo coste inicial y un beneficio inmediato. Es posible que se tengan que diseñar expresamente, como el modelo de robots agrícolas como servicio (ARaaS, por sus siglas en inglés) de Ambit Robotics o el robot «Digital Farmhand» del Australian Centre of Field Robotics (ACFR), que cuenta con un diseño deliberadamente sencillo que facilita la reparación y el cambio de módulos para una variedad de funciones, lo que los hace muy versátiles.
Agricultura urbana
La agricultura urbana implica el cultivo, procesamiento y distribución de alimentos en zonas urbanas o en sus alrededores. Este enfoque se presta más fácilmente a las tecnologías de la Agricultura 4.0, como la automatización robótica y el internet de las cosas (IdC), ya que las explotaciones urbanas están menos aisladas y más conectadas en cuanto a conectividad, cobertura móvil y conexiones de transporte. También se pueden diseñar teniendo en cuenta los robots y la automatización y, si la actividad se desarrolla en interiores, ofrecen entornos mucho más predecibles y controlables.
Por ejemplo, Singrow, empresa agrícola y de tecnología agrícola de Singapur, cultiva fresas, espinacas y tomates en sus granjas interiores. Las tecnologías utilizadas para mejorar el rendimiento, reducir el tiempo de cultivo y utilizar menos energía incluyen sistemas automatizados de cosecha y polinización asistidos por IA y la recolección automatizada, facilitada por cámaras infrarrojas que detectan las flores en plena floración y la madurez de los productos.
La agricultura vertical ofrece una solución para aumentar la producción al tiempo que hace un uso mínimo del terreno en zonas urbanas, lo que podría suponer un obstáculo para la adopción generalizada de la agricultura urbana. La automatización será crucial en estas explotaciones para permitir un acceso fácil, rápido y seguro a los cultivos situados en las zonas de más altura.
¿Qué nos deparará el futuro?
El camino hacia la automatización en pequeñas explotaciones agrícolas rurales no parece sencillo. Sin embargo, la agricultura urbana puede tener un crecimiento significativo en los próximos años, lo que augura un trayecto más sencillo hacia la Agricultura 4.0. Asia está experimentando una rápida urbanización y la necesidad creciente de alimentar a su población, y muchos agricultores ya están optando por trasladarse de las zonas rurales a las urbanas en busca de empleo en el sector de la fabricación, lo que indica que la agricultura urbana ya dispone de mano de obra preparada y a la espera.
Tanto en zonas urbanas como rurales, la adopción de las tecnologías de la Agricultura 4.0 resultará costosa. Pero las empresas y los agricultores pueden adoptar medidas para mitigar parte de este gasto. El uso de sistemas más antiguos u obsoletos es una forma de lograrlo, ya que estos modelos ofrecen muchas de las ventajas de la tecnología más reciente pero a un coste reducido.