Breve historia de la inteligencia artificial

Breve historia de la inteligencia artificial

En 1637, el filósofo y científico René Descartes predijo que un día las máquinas podrían tomar decisiones y actual de forma inteligente. Aunque pensó que los robots nunca lograrían hablar como las personas, sus ideas asentaron las bases para lo que actualmente conocemos como inteligencia artificial (IA).

Alan Turing es uno de los nombres más conocidos en la historia de la computación. Durante la Segunda Guerra Mundial, el trabajo de Tuning para descifrar el código Enigma, utilizado por el ejército alemán para enviar mensajes cifrados, sentó las bases del aprendizaje automático.

Turing sugirió que las máquinas, al igual que las personas, podían utilizar el razonamiento para resolver problemas o tomar decisiones. En 1950, describió la manera de medir si podemos decir que una máquina es inteligente (Turing lo llamó «El juego de la imitación»). Este método, comúnmente denominado «El test de Turing», incluye la participación de una persona, una máquina y un juez que determina quién es quién. Si un ordenador conversa con una persona sin que el juez lo identifique como una máquina, el ordenador habrá superado la prueba.

Sin embargo, tanto Turing como el resto del sector se veían frenados por las limitaciones de los ordenadores de la época, que sufrían la falta de memoria y almacenamiento, y resultaban extremadamente caros. Por ello, el uso de estos ordenadores se limitó a las grandes empresas y a las mejores universidades.

Alan Turing

La conferencia de Dartmouth

En 1956, John McCarthy, un científico computacional estadounidense, organizó la conferencia de Dartmouth, un evento en el que las mentes más privilegiadas de las principales universidades se unieron para compartir ideas. Allí fue donde se acuñó oficialmente el término inteligencia artificial, englobando diversos términos como cibernética, teoría autómata y procesamiento de la información.

En los años posteriores a la conferencia, el desarrollo de la IA ha ido de viento en popa. Uno de los avances más prometedores se produjo en 1966 con el primer bot conversacional o chatbot. Se le llamó ELIZA y lo desarrolló Joseph Weizenbaum en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). ELIZA, que se comunicaba mediante texto en lenguaje humano y no mediante códigos informáticos, fue uno de los primeros ejemplos de procesamiento del lenguaje natural. ELIZA es uno de los primeros antepasados de los actuales chatbots, como Alexa y Siri, que pueden comunicarse utilizando tanto el habla como los mensajes de texto.

Debido al progreso alcanzado durante el periodo comprendido entre 1956 y 1973, este periodo fue conocido como «el primer verano de la IA». Los investigadores eran optimistas en sus predicciones sobre el futuro de la IA y los ordenadores lograban realizar cada vez más tareas, desde hablar en inglés hasta resolver ecuaciones algebraicas.

Gracias a su temprano éxito, se realizaron investigaciones y financiaciones destinadas a profundizar en la IA. Sin embargo, en ese momento, los ordenadores todavía no podían procesar la cantidad de datos necesaria para un uso satisfactorio. Por ejemplo, un programa de análisis de la lengua inglesa solo podía manejar un vocabulario de 20 palabras, lo que resultaba de poca ayuda. El periodo que transcurrió ente 1974 y 1980 se conoció como «el primer invierno de la IA», donde las partes que aportaban la financiación observaron que las investigaciones no estaban dando los resultados esperados y dejaron de ofrecer su apoyo.

Llega de nuevo el verano

En 1981, se encontró un fin comercial valioso para la IA, lo que volvió a atraer la inversión. Ed Feigenbaum y otros colaboradores inventaron un nuevo tipo de IA llamado sistemas expertos. En lugar de centrarse en la inteligencia general, los sistemas expertos se centraban en el uso de una serie de normas para automatizar tareas y decisiones concretas en el mundo real. Digital Equipment Corporation introdujo la primera implementación con éxito, denominada RI, para configurar los pedidos de la empresa y mejorar su grado de precisión. Japón también invirtió grandes cantidades en los ordenadores diseñados para aplicar la IA, y posteriormente hicieron lo mismo EE. UU., el Reino Unido y el resto de Europa.

Por desgracia, la ilusión acabó en decepción. Apple e IBM comercializaron ordenadores para fines generales más potentes que los diseñados para la IA, acabando con la industria de la IA. La financiación en EE. UU. se agotó, al igual que en Japón tras el fracaso de un proyecto estrella.

Un cambio de enfoque

En 1988, los investigadores de IBM publicaron un trabajo que introducía principios de probabilidad al abordar la traducción automática entre el francés y el inglés. Posteriormente, este enfoque pasó a determinar la probabilidad de obtener unos resultados concretos según los datos, en lugar de intentar averiguar cuáles son las «reglas». Este enfoque está más próximo a los procesos cognitivos de las personas y ha asentado las bases del aprendizaje automático de hoy en día.

La IA evolucionó de manera radical en la década de 1990, especialmente debido a la potencia cada vez mayor de los ordenadores. Un momento destacable ocurrió en 1997, cuando el software informático llamado Deep Blue venció al campeón del mundo de ajedrez, Garry Kasparov. Otro hito en la lucha entre la IA y la inteligencia humana se produjo en 2016, cuando AlphaGo de Deep Mind venció a Lee Sedol, 18 veces campeón del mundo.

El futuro de la IA

Los avances de las nuevas tecnologías, como los vehículos autónomos, ofrecen aplicaciones de gran repercusión para la IA. En 2018, Waymo comercializó el primer servicio de taxis sin conductor en Phoenix. La IA se ha convertido en una tecnología habitual en el día a día de usuarios de smartphones, trabajadores de Google y profesionales de la fabricación.

La IA ha tenido altibajos a lo largo de su historia, ya que tanto el interés como la financiación han sufrido fluctuaciones. Llegar al punto en el que nos encontramos en la actualidad no ha resultado fácil, pero la IA solo va a cobrar más y más importancia.

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