Tres formas de reducir el coste de su motor
Los motores suelen funcionar a una sola velocidad (lo más rápido posible) o a ninguna. Si bien ciertas aplicaciones requieren que los motores funcionen a muy alta velocidad, otras solo necesitan que el motor funcione a una velocidad mucho más baja.
Poner en funcionamiento un motor a una velocidad más rápida de la necesaria puede dar lugar a un derroche de energía, innecesarios costes energéticos y la necesidad de obtener repuestos frecuentemente. Los ingenieros deben plantearse de qué forma invertir en tecnologías o procesos puede ralentizar su motor sin poner freno a la productividad.
Convertir la energía
Los ingenieros pueden invertir en accionamientos de velocidad variable (AVV) para gestionar el desperdicio de energía. Estos pueden retroadaptarse a un motor de una sola velocidad y convertir la potencia de entrada fija en un voltaje variable. De esta forma, gestionará la velocidad de salida del motor en función de las distintas necesidades del dispositivo.
Añadir un AVV tiene el potencial de reducir el consumo energético de unas instalaciones en, al menos, un 10 %.
Ralentizar las cosas
Los motores de velocidad fija se aceleran sumamente rápido hasta alcanzar su velocidad operativa correcta, lo que requiere una corriente alta y, como consecuencia, genera una gran cantidad de calor. Este proceso de arranque puede provocar mucho desgaste con el tiempo y, en última instancia, reducirá la vida útil del dispositivo. Para evitar el desgaste excesivo, algunos fabricantes limitan el número de veces que se inician los motores cada hora.
Los ingenieros pueden usar un dispositivo de arranque más suave con sus motores eléctricos de CA para reducir ese desgaste. Un arrancador suave limita temporalmente la corriente que llega al motor, evitando así un mayor desgaste mecánico y el sobrecalentamiento de las piezas eléctricas.
Desplazar las cosas
Mejorar la eficiencia de los motores no tiene por qué implicar la instalación de equipos costosos. Tan solo con hacer pequeños cambios en sus instalaciones, los fabricantes pueden ahorrar energía y, con ello, reducir los costes energéticos. Por ejemplo, los motores se suelen dejar funcionando cuando no es necesario, y ese uso innecesario puede añadir hasta 2000 GDP al año por motor a los costes derivados de la factura energética y los gastos de mantenimiento.
Los ingenieros deben supervisar periódicamente el entorno que rodea al motor para asegurarse de que pueda funcionar con la máxima eficiencia. Mantener los motores alejados de zonas de la instalación donde haya temperaturas altas permite reducir el sobrecalentamiento. Mantenerlos limpios y lejos de maquinaria que pueda emitir gran cantidad de polvo o suciedad también puede contribuir a evitar averías.
La implantación de un programa de mantenimiento predictivo puede servir para llevar a cabo mejoras a largo plazo en el uso de energía de la planta. Al conocer el estado de la máquina, los ingenieros pueden planificar el mantenimiento antes de que se origine una avería, evitando así tiempos de inactividad imprevistos. En el caso de que se produzca una avería, en lugar de invertir en un modelo completamente nuevo, los fabricantes pueden ahorrar dinero optando por una pieza reacondicionada suministrada por un proveedor de confianza.
Los fabricantes deben considerar la eco-obsolete technology cuando tengan que sustituir una pieza para reanudar la producción. Se trata de piezas que han quedado obsoletas y que ya no vende el fabricante de equipos originales (OEM). Sin embargo, la eco-obsolete technology sigue cumpliendo las normas de eficiencia energética a pesar de no ser nueva, por lo que es una opción rentable para los fabricantes.